Europa en la encrucijada: hacia un crecimiento con identidad propia
Vivimos en la época de los gestores sin ejecutores
Nº 38 24 de agosto de 2025 por Evelio Jimeno Ruiz
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Europa siempre ha vivido mirando al espejo estadounidense y al tambor chino. Nos entusiasman sus éxitos, su despliegue tecnológico, su economía de escala… pero rara vez nos detenemos a pensar si ese reflejo encaja con nuestra propia naturaleza, prioridades y ritmo.

Dos referencias, dos modelos, tres realidades distintas
Estados Unidos domina con fuerza el universo intangible: software, plataformas digitales, IA, entretenimiento, propiedad intelectual… esa economía invisible que hoy representa más del 90 % del valor de sus grandes empresas cotizadas. Esa potencia, sin embargo, ya no es impune: los costes de producción y la presión competitiva de China han obligado a EE. UU. a recurrir a aranceles para proteger su industria tecnológica.
China, por su lado, avanza con planificación y músculo industrial. Coches eléctricos, energías renovables, infraestructura, defensa… su capacidad productiva escala de forma imparable, respaldada por precios muy competitivos.
Europa, en cambio, ofrece un entorno social y político sólido: calidad de vida, Estado de bienestar, regulaciones éticas, derechos humanos… Todo eso es un capital enorme. Pero, al mismo tiempo, esas mismas regulaciones —a menudo ponderosas— ralentizan nuestra capacidad de escalar y de innovar con agilidad.
El desafío de los intangibles: EE. UU. vs. Europa
El Financial Times documenta claramente cómo Estados Unidos ha convertido los activos intangibles —software, datos, marca, I+D— en el motor principal de su crecimiento (FT). En Europa, la inversión en intangibles ha aumentado, pero de forma más tímida. Mientras en algunos países nórdicos ya alcanza el 16 % del PIB, en buena parte de la UE sigue por debajo del 14 %. La eurozona mejoró un 70 % en inversión intangible entre 2007 y 2024, pero en ese mismo período EE. UU. casi triplicó la suya. La brecha se amplía. Es alarmante bajo peso relativo de las nuevas empresas europeas frente a las norteamericanas.

Y España con una posición retrasada en el ránking de crecimiento de inversiones en intangibles.
¿Qué nos impide escalar?
Tenemos recursos, talento, infraestructuras de investigación y programas como Horizon Europe. Pero muchas veces esas iniciativas se quedan en papel: grandes documentos estratégicos, planes, hojas de ruta. Nos falta ejecución rápida, cultura de riesgo, y un marco financiero y regulatorio que realmente impulse la innovación a escala.
El problema de las personas: gestores sin ejecutores
Europa ha consolidado un modelo laboral centrado en la seguridad y la conciliación. El ideal del “trabajo de 8 a 3 en oficina, de funcionario si es posible” garantiza calidad de vida, estabilidad y derechos. Pero tiene un reverso: los oficios manuales, técnicos y productivos se han ido desvalorizando. Hoy faltan personas que construyan viviendas, fábricas, infraestructuras o productos.
Nos estamos transformando en un continente de gestores que diseñan planes, redactan documentos y supervisan indicadores… pero sin capacidad de ejecución directa. En la etapa de la globalización, cuando Europa externalizaba su producción a China y se reservaba el papel de control y diseño, esta lógica podía funcionar. Pero hoy China ya no fabrica solo para Occidente: fabrica para sí misma, innova para sí misma y compite con nosotros en calidad y precio.
Esto obliga a Europa a recuperar parte de la mentalidad de nuestros padres: trabajo práctico, oficio, cultura de producción unido a las capacidades tecnológicas y conocimientos actuales. Necesitamos volver a industrializar, volver a formar técnicos, valorizar a quienes hacen que las cosas ocurran. Incluso con la inmigración como motor de renovación demográfica, persiste un déficit de ambición y de proyección profesional en muchos sectores críticos. Y sin personas que ejecuten, ningún plan estratégico europeo pasará del PowerPoint a la realidad.
Europa debe definir su propio camino… y hacerlo realidad
Necesitamos una estrategia autóctona, un vector de crecimiento con identidad europea. No copiar ni a Estados Unidos ni a China, sino construir un modelo que combine nuestra fortaleza regulatoria y social con agilidad estratégica e inversión en intangibles.
Europa tiene la materia prima: ética, cohesión, calidad de vida, talento. Pero si queremos pasar de la planificación al impacto, debemos ejecutar de forma decidida, con ritmo y actitud. Es hora de caminar con pasos europeos, firmes y conscientes, hacia un mañana definido por nosotros.
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