Evelio Jimeno

Cómo diseñar una estrategia de financiación pública sin perder el rumbo (ni la paciencia)

Queremos pedir una subvención. ¿Para qué?

Nº 29     22 de junio de 2025     por Evelio Jimeno Ruiz


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Todo empezó cuando una startup de biotecnología me dijo: «Queremos pedir una subvención.» Y cuando les pregunté para qué, cuándo y con qué objetivo concreto, se hizo el silencio. No era que no tuvieran ambición —tenían de sobra—, sino que aún no habían conectado los tiempos del desarrollo de su tecnología con los tiempos del dinero público. Ese es el primer error. Y lo comete todo el mundo.

A veces confundimos las convocatorias con los planes. La clave está justo al revés: primero viene el plan, luego elegimos las convocatorias que encajan. Nunca al revés. Y ese plan debe tener claro para qué necesitas financiación: ¿para validar una prueba de concepto? ¿para escalar la tecnología? ¿para entrar en nuevos mercados? ¿para llegar vivos a una ronda en 18 meses? Si no tienes clara la dirección, la brújula no sirve de nada.

Una vez tienes claro hacia dónde vas, llega el momento de desplegar el mapa. No basta con saber que hay financiación: necesitas entender quién la reparte y cómo. Por un lado están los organismos que actúan como grandes distribuidores de ayudas: CDTI, ENISA, IDAE, la Agencia Estatal de Investigación (AEI), el Centro para el Desarrollo Tecnológico Industrial, las diversas administraciones regionales o la Comisión Europea. Cada uno tiene su lógica, su lenguaje, sus prioridades.

Y luego están las rutas concretas que puedes seguir: las convocatorias. Algunas ya suenan en cualquier conversación sobre innovación –Neotec, Misiones, CPP, Innterconecta, Red.es, Innvierte. Otras te pueden llevar mucho más lejos: EIC Accelerator, Transition o Pathfinder o las grandes líneas del Horizon Europe, el Programa LIFE, Eurostars… Entender cómo se conectan estos actores y estas rutas es lo que te permite moverte con agilidad y no perder el rumbo.

Lo interesante es que no todos estos caminos se pisan entre sí. Algunos caminos se complementan. Y cuando los coordinas bien, pueden darte una combinación muy potente de subvención, préstamo blando, deducciones fiscales y bonificaciones. Pero, de nuevo, la clave no es pedir a todo lo que se mueva. Es saber qué puedes justificar, qué puedes ejecutar y qué puedes encajar en tu calendario.

El tiempo, por cierto, es el enemigo silencioso. Una ayuda puede parecer ideal sobre el papel… pero si cierra en dos semanas, y no tienes tiempo para prepararla adecuadamente o tu tecnología es todavía una idea, no te estás preparando: te estás condenando. Muchas startups y también empresas de mayor tamaño viven en modo reactivo, saltando de convocatoria en convocatoria, esperando que alguna encaje. Pero las empresas que ganan —las que realmente aprovechan la financiación pública— hacen justo lo contrario. Planean con meses de antelación. Dibujan una hoja de ruta de 12 a 18 meses, y colocan sobre ella los programas que pueden apoyar cada fase.

Y no se trata solo de encajar fechas. También tienes que ser capaz de contar bien tu historia. Una historia que convenza a técnicos del CDTI, a analistas de ENISA, o a evaluadores europeos. Esa historia tiene que tener sentido. Tiene que mostrar un equipo sólido, un problema relevante, una solución creíble, una tecnología diferencial, y un mercado esperando. Y si puedes demostrar que hay empresas que quieren comprarte (o ya lo hacen), muchísimo mejor.

La documentación es la parte menos sexy, lo sé. Pero es donde se pierden la mayoría. Y no porque no tengan un buen proyecto, sino porque no saben explicarlo. Porque mandan un dosier genérico o una memoria técnica de 80 páginas que no responde a lo que el evaluador busca.

En cambio, cuando lo haces bien —cuando adaptas tu mensaje a cada programa y hablas su idioma— se nota. Y se premia.

Ahora bien, conseguir una ayuda es solo la mitad del viaje. Luego toca ejecutar. Justificar. Cumplir hitos. Pasar auditorías. Ajustarte al presupuesto. Y si lo haces bien, tienes algo muy valioso: un historial de éxito, una relación de confianza con las entidades financiadoras y, sobre todo, una estructura interna que ya sabe cómo trabajar con dinero público. Y eso, créeme, marca la diferencia en la siguiente ronda o en la siguiente convocatoria.

Esto no va de tener suerte. Va de tener método.


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