Evelio Jimeno

Mapa de consultoras de financiación I+D+i en España del año 2025

Haciendo visible lo menos invisible

Nº 31     6 de julio de 2025     por Evelio Jimeno Ruiz


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Cuando se habla de innovación, siempre hay luz: luces de escenario, de auditorios, de portadas y presentaciones espectaculares. Startups disruptivas, Corporaciones que anuncian nuevos lanzamientos de producto, Universidades y Centros tecnológicos con avances punteros, Fondos de inversión que apuestan por el “Deep Tech”.

Pero, entre bastidores, en otro plano mucho menos visible, existe un engranaje esencial que rara vez se menciona y sin el cual muchos de esos éxitos simplemente no existirían, o no en la misma medida: la consultoría de financiación pública de I+D+i.

Un sector que no solo es poco visible, sino que en ocasiones incluso está cuestionado, mal entendido o deliberadamente ignorado por parte de quienes se benefician —directa o indirectamente— de su trabajo. Este artículo busca precisamente lo contrario: poner luz en ese lado menos glamouroso pero profundamente necesario del ecosistema innovador.


El mapa de consultoras de financiación de la I+D+i en España del año 2025

En los últimos años, el ecosistema de la consultoría especializada en financiación pública para la innovación, el desarrollo tecnológico y la investigación científica ha crecido en complejidad y diversidad. Desde grandes firmas con décadas de trayectoria hasta pequeñas y medianas empresas emergentes, el sector se ha consolidado como una pieza clave para acceder a fondos nacionales y europeos.

Este mapa recoge una visión panorámica del tejido de consultoras activas en España en 2025, con la licencia de poner a innCome, consultora de la que soy socio, como logo central 😉

Creo que no me equivoco si afirmo que este Mapa de consultoras de financiación de la I+D+i es el primero y más completo de España (+115 consultoras), y eso que el sector ya tiene + 30 años.

Mapa Consultoras Financiación I+D+i en España 2025 by Debajo del Agua

¿Qué hace exactamente una consultoría de financiación pública de I+D+i?

La respuesta fácil es: “ayuda a empresas, universidades, centros tecnológicos y startups a obtener financiación pública para sus proyectos de I+D+i”. Pero esa descripción es tan reducida como decir que un arquitecto “dibuja casas”.

Una consultoría especializada se enfrenta a la intersección de múltiples mundos:

  • el tecnológico, por la comprensión del proyecto en profundidad,

  • el normativo y legal, por el conocimiento de las convocatorias y su interpretación,

  • el económico-financiero, por la capacidad de planificar presupuestos, justificar gastos, prever flujos de caja,

  • y el estratégico, porque no se trata solo de “optar a una ayuda”, sino de alinear el proyecto con los instrumentos adecuados para maximizar las probabilidades de éxito.

Todo esto en un contexto donde los plazos son cortos, los requisitos complejos, la competencia intensa y la carga burocrática creciente. Pocas profesiones combinan con tanta frecuencia la necesidad de redactar con claridad un documento técnico de 40 páginas, explicar el TRL 6 a un CEO y resolver un Excel con fórmulas financieras… en la misma mañana.


Un perfil profesional difícil de replicar

Durante mucho tiempo pensaba que cualquier persona con algo de formación técnica y buena redacción podía hacer este trabajo. Pero la realidad —más visible cuando he tenido que contratar, formar o dirigir equipos— es que el perfil del consultor de financiación pública de I+D+i es excepcionalmente complejo.

Se requiere una combinación de:

  • Formación técnica sólida, pero con capacidad de comunicar a no técnicos,

  • Dominio del español y el inglés en ámbitos profesionales escrito y hablado,

  • Gestión del estrés y habilidades interpersonales,

  • Pensamiento analítico, pero también resolución creativa,

  • Dominio del detalle, sin perder la visión global del proyecto,

  • Y una ética de trabajo riguroso, porque los errores aquí no se corrigen con una segunda versión: se traducen en millones perdidos o proyectos cancelados.

Y todo esto se hace, además, en contextos cambiantes, con normativas que evolucionan, criterios de evaluación opacos y administraciones públicas que —aunque cada vez más profesionalizadas— aún arrastran muchas inercias.


Un sector que se mueve en la sombra

Una de las paradojas de este sector es que, siendo clave para que se ejecuten muchas de las políticas públicas de apoyo a la innovación, apenas aparece en los mapas del ecosistema.

Busque en internet listados de:

  • Startups de biotecnología: encontrará decenas.

  • Fondos de inversión en deep tech: también.

  • Clusters, aceleradoras, centros de transferencia: sin problema.

  • ¿Pero consultorías especializadas en financiación pública de I+D+i? Muy pocos listados, información dispersa, nombres sueltos.

Y sin embargo, el sector ha crecido. Mucho.

Existen hoy consultorías tradicionales con décadas de experiencia, medianas firmas emergentes, boutiques especializadas en fiscalidad de la innovación o en instrumentos europeos, y grandes consultoras generalistas incluyendo a las Big 4 que han creado divisiones específicas —o han adquirido empresas más pequeñas— para entrar en este campo.

Los fondos europeos postpandemia han acelerado este movimiento. La presión por captar recursos ha llevado a que incluso entidades con experiencia interna hayan recurrido cada vez más a estos profesionales para no perder el tren. Y el sector se ha sofisticado: más exigencia, más competencia, más rigor.


Un rol a veces mal entendido

En algunos programas —especialmente en el ámbito europeo— los consultores no están bien recibidos. Los costes de consultoría para la gestión del proyecto no son elegibles, pero esto llega a que muchos Project Officers no permitan el trato con consultores ni siquiera por email (no tod@s, pero ocurre). Algunos técnicos prefieren tratar directamente con el líder del consorcio. A veces, incluso se ve al consultor como un intermediario innecesario.

¿Hay motivos para esa desconfianza? Algunos, probablemente sí. No todos los modelos de negocio han sido igual de transparentes. Y existen enfoques más orientados al volumen que a la calidad, lo que ha dañado la percepción general.

Pero también hay una realidad innegable: la mayoría de los buenos proyectos no se presentan solos, ni se gestionan bien por inercia. Requieren tiempo, coordinación, experiencia y conllevan una gran responsabilidad. Y ahí es donde la consultoría aporta valor real.


Una profesión que también está cambiando

La digitalización y el trabajo remoto han transformado la forma de trabajar. Hoy es posible montar un equipo especializado de alto rendimiento sin importar en qué ciudad viva cada persona. Esto ha dado lugar a modelos más ágiles, más especializados, y también más internacionales. Aunque esto puede afectar al grado de cohesión del equipo, como ocurre en otros sectores.

Además, se están profesionalizando cada vez más los recursos y las metodologías:

  • Herramientas de seguimiento de convocatorias,

  • Plantillas avanzadas para la redacción de memorias,

  • Automatización de procesos de justificación,

  • Asistencia con IA generativa (con prudencia y criterio, claro está).

También existen asociaciones que agrupan a estas consultoras, tanto a nivel nacional como europeo. Estas redes tienen como objetivo defender buenas prácticas, compartir conocimiento y aumentar la visibilidad de un sector que lleva años madurando en la sombra.


Una conclusión y una propuesta

Es hora de dar visibilidad al sector de la consultoría de financiación pública de I+D+i.

No para pedir reconocimiento vacío. Sino para explicar con claridad qué hacemos, qué aportamos y por qué esta profesión es hoy más necesaria que nunca.

A las empresas: entendamos que el éxito de un proyecto también depende de cómo se estructura, redacta, presenta y gestiona.

A las administraciones: valoremos a los buenos profesionales por su rigor y conocimiento, no por los clichés de “intermediarios”.

Y a quienes trabajamos en este campo: sigamos subiendo el listón. Porque es posible hacer las cosas bien, aportar valor, y además disfrutar de un trabajo intelectualmente desafiante y socialmente relevante.

La innovación no solo necesita ingenieros, científicos o emprendedores. También necesita buenos consultores. Aunque normalmente no salgamos en la foto.


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