Evelio Jimeno

No somos nuestras empresas

Nº 46     19 de octubre de 2025     por Evelio Jimeno Ruiz


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Tengo el inmenso placer de que el artículo de esta semana de Debajo del Agua venga a cargo, nada más y nada menos, que de Javier de la Torre.

Javier de la Torre es sin duda uno de los mejores financieros de España especializado en la gestión de startups. Con una sólida trayectoria como Director Financiero y experiencia como emprendedor en consultoría, ha trabajado de cerca con el Ecosistema de startups y scaleups. Gracias a esta combinación única de conocimientos, Javier se ha consolidado como un socio estratégico para emprendedores que afrontan el reto de hacer crecer sus proyectos.

Javier no sólo dirige Lean Finance, que ayuda a ordenar las finanzas como CFO externo de startups y scaleups desde 2018, sino que también es co-founder de Asenze desde 2022, una asesoría fiscal y contable dirigida al mismo nicho y también es Inversor en el ecosistema startup principalmente a través de Abril Capital.

Además de su rol empresarial, Javier aporta su conocimiento como profesor y mentor en diversas entidades y aceleradoras, impartiendo materias cruciales como finanzas operativas, métricas, inversión privada y fundraising.

Javier y yo somos amigos. Somos consultores. Somos competidores de forma tangencial porque ambos nos dedicamos a la financiación para startups, pero fundamentalmente hemos colaborado en múltiples proyectos y nos llevamos bien.

Os puedo decir que es una persona muy inteligente, empática y tremendamente justa. Le he pedido que escriba hoy en Debajo del agua especialmente porque es muy buena gente y porque es terriblemente sincero. Podría haberle pedido que escribiese sobre finanzas, pero le he pedido que escriba sobre emprendimiento y actitud.

Javier ha pasado una temporada complicada a nivel emocional y de salud relacionada en gran parte con el emprendimiento y el liderazgo de sus proyectos empresariales. En sus redes sociales ha explicado este complicado proceso personal de forma abierta y valiente.

El mundo del emprendimiento, de las startups y el capital riesgo es un mundo en el que todo parece que va sobre ruedas, a toda velocidad, todo perfecto y a tope. Pero son muchas las veces en las que eso es únicamente la superficie, y si profundizas, verás estrés, miedo al fracaso, ansiedad… y es de lo que ha hablado abiertamente Javier.

Y la semana pasada, hablando con él, yo le decía que para mí, él estaba haciendo muchísimas cosas bien tanto a nivel personal como a nivel profesional dentro del ámbito del emprendimiento, y que es importante reconocerlas.

Y de ahí surge este artículo. Aquí lo tenéis.


No somos nuestras empresas

por Javier de la Torre


Javier de la Torre

Hace unos meses, en una entrevista con Ancla Life, hablé de todo lo duro que puede llegar a ser emprendedor. Del miedo, de la soledad, del burnout.

Hoy quiero contar la otra parte. Porque también hay luz y belleza. Porque también hay días en los que, simplemente, sabes que estás donde tienes que estar.


Introducción

Mientras hacía el MBA, muchos de mis compañeros hablaban de carreras en multinacionales, de mudarse a EE. UU., de bonus anuales… y de asistentes internos en casa, con sus hijos.

Yo tomé otra decisión: quería estar presente. Ver crecer a mis hijos, jugar, cocinar, escuchar y compartir mi tiempo con ellos. Quería vivir la paternidad, no delegarla.

No lo decidí desde la comodidad, sino desde una necesidad profunda. De no querer vivir con la sensación de que me estoy perdiendo lo esencial por perseguir lo urgente.

Y aunque el emprendimiento me ha dado miles de cosas —algunas duras, otras inesperadas— hoy quiero hablar de lo bueno. De lo que se dice poco: que emprender también puede ser una forma de cuidar. A otros, sí. Pero sobre todo, a uno mismo.


1. El horario es mío, y eso cambia todo

Emprender me ha dado la libertad de organizar mi vida en torno a mis prioridades. Trabajo de 7 a 15, y después soy padre. Sin culpa, sin esconderme, sin sentir que me estoy escapando de algo.

Sé que este horario puede sonar extraño para algunos, muchos emprendedores me hacen bromas al respecto: “cómo se nota que eres andaluz”. Que parece incompatible con lo que nos han contado sobre lo que es “emprender en serio”. Pero para mí es sagrado, no porque sea rígido, sino porque es elegido.

También me permite decidir cuándo frenar. Mi mujer, nutricionista, tiene todo el derecho del mundo a impulsar su carrera profesional. Emprender me ha permitido redistribuir los focos. Nos equilibramos, nos acompañamos.


2. Lo que más vale no se factura

Hay una frase que repito mucho, quizás porque me ha salvado más de una vez: no somos nuestras empresas.

Lo aprendí por contraste. Vi a personas maravillosas hundirse cuando su empresa tambaleaba, como si sus logros, su valía y su identidad dependieran de una P&L.

Yo mismo lo sentí. Es muy fácil caer en la trampa: cuando todo va bien, te sientes imparable. Pero cuando las cosas no marchan, la duda se te mete en la piel. ¿Soy yo el problema? ¿No valgo para esto?

A veces confundimos el resultado de un trimestre con el sentido de una vida.

Por eso digo que emprender me ha hecho más fuerte. No porque ya no dude, sino porque ahora entiendo que ni el éxito ni el fracaso empresarial dicen nada de quién soy.

Lo que realmente importa —mi familia, mi salud, mi presencia, mis valores— no aparece en ninguna métrica.

3. Gente que te eleva

Una de las cosas más bonitas que me ha traído emprender es la gente. Personas que, de otro modo, nunca habría conocido.

Emprendedores generosos, brillantes, humildes. Gente que te habla como si no tuvieras nada que demostrar. Que te escucha sin filtros, sin juzgarte. Que te ofrece ideas, contactos o apoyo sin esperar nada a cambio.

Ese tipo de personas no abunda, pero cuando emprendes con conciencia, las atraes. Yo he tenido la suerte de rodearme de un ecosistema que contagia ganas, que te inspira a seguir creciendo.

Hay algo muy poderoso en compartir camino con gente que no compite contigo, sino que te empuja hacia adelante porque cree en lo que haces. El talento, cuando se comparte sin ego, tiene un efecto multiplicador.

Gracias a todos vosotros.


4. Cuando lo que haces mejora vidas

Hay días en los que todo parece cuesta arriba, el cielo siempre está gris. Presión, incertidumbre, decisiones complejas. Pero hay algo que me reconcilia con todo: saber que lo que hacemos tiene impacto real.

Cada año ayudamos a financiar más de 100 empresas. Empresas que crean empleo, que cuidan de sus equipos, que aportan valor a la sociedad. Empresas que pueden respirar un poco más gracias a nuestro trabajo.

Gracias a Lean Finance, hoy viven más de 30 familias, pagamos impuestos, creamos tejido productivo.

Además, a través de mis inversiones, colaboro con proyectos que le hacen la vida más fácil a miles de personas.

O dar clase en la universidad. La sensación de satisfacción por participar en el crecimiento de los más jóvenes no tiene precio.

Todo eso me lo ha dado el emprendimiento.


5. Emprender sin glorificar el sufrimiento

A veces parece que, si no duele, no vale (que me lo digan a mí). Como si solo las historias de sufrimiento extremo fueran legítimas. Pero no siempre es así.

Emprender también puede ser bonito, lleno de decisiones conscientes. No hace falta destruirse para construir algo valioso.

En mi caso, el emprendimiento ha sido una forma de vivir con más intención, con propósito y de crear un legado.

Emprender no me ha hecho millonario. Pero me ha dado algo más valioso: la sensación de que estoy viviendo la vida que quiero, no la que me tocó.

Quiero ser un ejemplo para mi familia, estar presente donde importa. Comprender que estoy construyendo algo que deja huella, sin dejarme a mí por el camino.

Y si eso no es éxito, al menos para mí, se le parece bastante.


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