B-Venture: 5 cosas que me llevo
José Elías, Carlos Blanco, desinversión, software vs hardware y negocios reales
Nº 47 26 de octubre de 2025 por Evelio Jimeno Ruiz
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Bilbao, conversaciones que importan
Hay eventos que no son solo eventos. Son puntos de inflexión. B-Venture es uno de ellos. Bilbao se convierte durante dos días en un cruce de caminos donde se mezclan startups con hambre, inversores con la mirada puesta en el próximo unicornio y corporaciones que buscan no quedarse fuera del juego. El ambiente es eléctrico: pasillos llenos de pitch improvisados, cafés que se convierten en reuniones estratégicas y charlas que, si sabes escuchar, valen más que cualquier máster.
Yo llegué con la curiosidad de quien quiere conocer el ecosistema innovador de la zona norte y de entender hacia dónde se mueve el capital y salí con la sensación de que estamos en un momento bisagra. Un ecosistema más maduro, menos ingenuo, pero también con retos que no podemos ignorar. Y, sobre todo, con ideas que quiero compartir contigo.

José Elías: negocios reales y comunicación radical
B Venture no quería fallar y por eso invitó a José Elías para que abriera el evento, y su intervención fue un soplo de aire fresco. No porque hablara de rondas millonarias o de la última tendencia en IA, sino porque puso el foco en algo que a veces olvidamos: los negocios que sostienen un país. Habló de energía, de industria, de la necesidad de volver a producir en España. Le preguntaron por las tecnologías en las que estaba más interesado, y José no respondió con tecnología. Afirmó sin duda que está invirtiendo en sector primario de forma masiva. Habló incluso de granjas de pollo, porque en el futuro él cree que la gente seguirá comiendo pollo independientemente de lo que ocurra con la inteligencia artificial. Un mensaje singular para abrir un evento de startups, pero así es José Elías, diciendo lo que piensa y no lo que otros quieren escuchar.
Pero lo que más me sorprendió no fue su visión industrial, sino su estrategia de comunicación y cómo la está explotando. Este año ha comprado 20 empresas gracias a contactos que le llegan por Instagram. Sí, Instagram. Mientras muchos directivos siguen viendo las redes como una pérdida de tiempo, él las usa para generar negocio real. Y eso me hizo reflexionar: ¿cuántas oportunidades estamos dejando pasar por no contar lo que hacemos?, pero al mismo tiempo, ¿somos capaces de monetizar las oportunidades que generamos en esas conversaciones?

Carlos Blanco: el realismo brutal del software y una llamada al País Vasco
Escuchar a Carlos Blanco siempre es un baño de realidad. Mientras muchos siguen soñando con hardware, él lo dice sin rodeos: el software es el camino para escalar. Y lo argumenta con lógica empresarial: lo que realmente importa no es la tecnología por sí misma, sino cómo atacas la cuenta de resultados de tu cliente. Si tu producto no ahorra dinero o no genera ingresos, no tienes nada.
Blanco puso el foco en las tecnologías que llevan años madurando y que ahora confluyen en un punto crítico: inteligencia artificial, big data, computación masiva y blockchain. No como palabras de moda, sino como herramientas para resolver problemas reales en mercados tradicionales como alimentación, salud o finanzas. Su mensaje fue claro: deja de buscar la próxima moda y céntrate en construir software que haga más con menos. Porque ahí está la oportunidad: en soluciones que permitan a las empresas ahorrar, optimizar y crecer.
En mi opinión, un gran reto en el mundo del software no es solo crear, sino distinguir qué soluciones son realmente disruptivas y cuáles pueden quedar obsoletas con el próximo avance tecnológico. Cada nuevo release de modelos de IA de gigantes como OpenAI o Google puede cambiar las reglas del juego y borrar barreras de entrada que parecían sólidas. Esto hace que evaluar una startup sea más complejo que nunca: no basta con que la propuesta suene innovadora, hay que analizar si tiene ventajas competitivas sostenibles y si su modelo puede resistir la velocidad del cambio. Aquí es donde la brújula de Carlos Blanco cobra sentido: equipo, track record, mercado y KPIs. Porque, en un entorno tan dinámico, la tecnología por sí sola no garantiza nada; lo que marca la diferencia es la capacidad del equipo para adaptarse, ejecutar y crecer en mercados reales.

País Vasco y la necesidad de escalar más allá del hardware
El debate sobre el perfil de las startups vascas fue igual de interesante. País Vasco cuenta con un ecosistema muy sólido en torno al hardware, fruto de una tradición industrial que ha marcado la identidad económica de la región. Esto es una fortaleza: hay proyectos con tecnología avanzada y equipos altamente cualificados. Sin embargo, muchas de estas iniciativas no encajan en el modelo de startup escalable que busca el venture capital, sino que son empresas rentables con un crecimiento más lineal, más orientadas a financiación tradicional.
Los principales polos de inversión en Startups en España están en Barcelona y Madrid. Después están Valencia y Andalucía. Y en después está País Vasco, pero estando más cerca de Asturias y Galicia que de la parte de arriba de la clasificación.
Aquí es donde la reflexión de Carlos Blanco cobra fuerza: si el País Vasco quiere competir en ligas globales, hay que impulsar mucho más el desarrollo de software, SaaS porque son las que permiten escalar de forma exponencial. Y no lo dice por intuición: las grandes historias de éxito en la región, como Panda Antivirus o Ticketbis, son empresas de software. Además, el País Vasco tiene un activo diferencial que debe aprovechar: ingenieros de primer nivel. Si conseguimos canalizar ese talento hacia modelos escalables, el potencial es enorme.
El elefante en la sala: la desinversión
En la mesa organizada por AEBAN en B-Venture se habló de algo que durante años ha sido un tema tabú: la desinversión. Un concepto que suena técnico, pero que es el verdadero termómetro de la salud del capital riesgo. Porque invertir es relativamente sencillo; lo difícil, lo que separa a los buenos gestores de los mediocres, es salir bien. Y hoy, muchos fondos están atrapados en un bucle: necesitan liquidez para seguir apostando por nuevas startups, pero el mercado secundario en España sigue siendo estrecho y poco dinámico. Sin salidas, el ciclo se rompe.
Por eso, escuchar por primera vez una propuesta tan disruptiva como que la SETT —una entidad pública empresarial creada para financiar e invertir en tecnologías avanzadas y transformadoras vinculadas a la digitalización— compre participaciones secundarias a fondos de inversión fue, cuanto menos, un punto de inflexión. Si esta idea se materializa, podría convertirse en un soporte interesante para un ecosistema que necesita rotación para no morir de éxito.
El dato que preocupa es claro: la inversión en España está repuntando en fases avanzadas en 2025, pero en las fases seed sigue cayendo. Y eso significa que, si no resolvemos el problema de las salidas, corremos el riesgo de quedarnos sin cantera. Sin nuevas startups, no hay futuro. La conversación en Bilbao lo dejó cristalino: desde business angels hasta corporaciones, pasando por venture capital, family offices y expertos en M&A, todos coincidieron en lo mismo: sin liquidez, no hay ciclo; sin ciclo, no hay innovación.
¿Qué me llevo de todo esto?
En primer lugar me llevo la confirmación de que estar en lugares rodeados de personas con experiencia y conocimiento diferencial te facilita replantearte las cosas y te abre oportunidades a nivel de colaboración, comerciales y de estrategia que a veces se nos olvidan cuando estamos sentados en nuestra oficina o en nuestra home office teletrabajando.
También me llevo la reflexión de que, aunque la competencia en software es enorme, sigue siendo el modelo con mayor capacidad de escalar. Todavía hay muchísimos procesos por digitalizar y, además, confluyen cuatro tecnologías que han alcanzado un punto de madurez clave: inteligencia artificial, supercomputación, blockchain y big data. Este escenario abre oportunidades enormes, pero exige rigor: para valorar una startup no basta con la idea; hay que mirar con lupa el equipo emprendedor, su historial, el tamaño del mercado y los KPIs que demuestran tracción real.
El software aplicado a mercados tradicionales sigue siendo un océano lleno de posibilidades: foodtech, fintech, proptech, enterprise software. La clave está en resolver problemas concretos y atacar la cuenta de resultados del cliente: ahorrar dinero, hacer más con menos, ganar más y gastar menos. Pero es más difícil distinguir las opciones ganadoras que no serán barridas por los grandes modelos de IA generalista.
También quedó claro que hay un reto estructural: sin desinversión no hay ciclo. Los fondos necesitan liquidez para seguir apostando por nuevas startups, y si no resolvemos este cuello de botella, el ecosistema se ralentiza.
Por último, hay una oportunidad que muchos pasan por alto: sectores productivos que no se consideran “sexys”, como el primario, y el relevo generacional en empresas familiares. Ahí hay negocio real, con problemas urgentes por resolver y mucho valor por capturar.
A veces, lo que parece que hace falta es gente que quiera dedicar su vida a esos sectores tan importantes porque no se consideran actuales y porque el estilo de vida predominante en nuestra sociedad hace parecer que no son valiosos.
Nos leemos.
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