Evelio Jimeno

El arte de hacer preguntas: la nueva competencia clave en la era de la inteligencia artificial

Preguntar y evaluar adecuadamente se han convertido en las competencias más valiosas del trabajo intelectual

Nº 25     5 de junio de 2025     por Evelio Jimeno Ruiz


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Vivimos en una época en la que preguntar bien no es solo útil: es esencial. Siempre lo ha sido, pero ahora lo estamos comprendiendo de verdad. Ya no basta con saber responder, ni siquiera con saber hacer. Cada vez más, el valor reside en saber formular las preguntas adecuadas, en el momento adecuado, con la profundidad adecuada.

En mi día a día como consultor en financiación pública del I+D+i para empresas tecnológicas, lo veo con claridad. No se trata solo de tener una buena idea o un buen producto. Se trata de saber interrogar esa idea desde todos los ángulos posibles: ¿cómo será en diez años? ¿A quién se la venderás? ¿Qué hace bien, y qué no hace? ¿Qué fortalezas tiene? ¿Qué limitaciones esconde?

Definir un buen proyecto de I+D no se logra con un único documento o una plantilla. Es un proceso iterativo, casi como tallar una escultura en bruto. Pregunta tras pregunta, vas retirando lo accesorio hasta que surge lo esencial. Preguntar bien es, en este contexto, una forma de pensamiento estratégico. Es cartografiar un terreno desconocido y al mismo tiempo construir el mapa.

Tecnología, mercado, competidores, estrategia de comercialización, tecnologías disruptivas, propiedad intelectual, cronograma, presupuesto, subcontrataciones, impacto social, impacto económico. Cada uno de estos ejes requiere su propio set de preguntas, y dentro de cada uno, hay que seguir profundizando. No hay atajos. Hay que saber moverse entre lo amplio y lo preciso, entre el zoom general y el detalle quirúrgico.

No es raro encontrar personas que se bloquean en este proceso. Personas que creen que deben tener todas las respuestas, cuando en realidad lo que necesitan es tener las preguntas correctas. Saber hacer preguntas no es solo una habilidad; es una forma de pensar, de liderar, de comprender el mundo.

La metáfora de Miguel Ángel me resulta especialmente útil: la escultura ya está dentro del bloque de mármol, solo hay que ir quitando lo que sobra. Así trabajamos también con los proyectos complejos. Picamos con preguntas, pulimos con iteraciones, afinamos con análisis. Preguntar bien no es interrogar: es revelar.

Esta capacidad se ha vuelto aún más crítica con la irrupción de la inteligencia artificial. Estamos entrando en una era en la que nuestra interacción con las máquinas se basa, en gran parte, en cómo les hablamos. El arte de hacer preguntas se ha convertido —literalmente— en una profesión: el prompt engineering.

No es solo cuestión de pedir algo a una IA. Hay que definir con precisión qué queremos que haga, y evaluar con rapidez si la respuesta tiene sentido, si es veraz, si aporta valor. La dificultad ya no está en generar contenido; está en definir lo que hay que generar y saber evaluar si lo que hemos recibido cumple su propósito.

El conocimiento ya no está solo en lo que sabemos hacer, sino en cómo sabemos preguntar y cómo estructuramos nuestra forma de pensar. Un informe de 500 páginas puede escribirse en minutos, pero ¿cuál es su valor si no responde a una pregunta relevante o si no resuelve un problema real?

Esto plantea una inquietud de fondo. Quienes llevamos años desarrollando nuestras capacidades profesionales —pasando por diferentes ámbitos, aprendiendo a hacer, a liderar, a resolver— nos enfrentamos ahora a un nuevo reto: la ejecución se está automatizando. Pero lo que no se puede automatizar, al menos por ahora, es nuestra capacidad para definir bien un problema, para plantearlo en términos relevantes, para evaluar soluciones con criterio.

En este sentido, el verdadero cuello de botella no es la inteligencia artificial. Somos nosotros. Nuestra forma de pensar, de formular, de estructurar y de discernir es lo que va a marcar la diferencia.

Este artículo no pretende ser una conclusión cerrada. Es más bien una invitación a pensar. Una pregunta abierta:

¿Cómo te estás adaptando tú a esta nueva realidad, en la que preguntar y evaluar bien se han convertido en las competencias más valiosas del trabajo intelectual?


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